Trabajo entre retrato, producto, eventos y documental, y cada vez más en movimiento. Una foto y un vídeo que nacen del mismo ojo habitan el mismo mundo. Encargados a dos proveedores distintos, casi nunca.
Trabajar solo es una decisión deliberada, y es la razón por la que una visión llega intacta. Un briefing pierde algo en cada relevo: pasado de un account a un productor y de ahí a un fotógrafo, vuelve como algo contiguo a lo que pediste. Aquí va de tu frase directamente a la cámara, y quien la escuchó es quien encuadra.
También significa que las cosas avanzan. Una sesión se puede definir el lunes, fotografiar el miércoles y entregar el viernes, porque no hay una capa de producción que encajar ni una cola de aprobaciones entre la idea y la cámara. Para la mayoría de marcas y fundadores con los que trabajo, ese ritmo importa tanto como las imágenes.
Una fotografía puede ser excelente y aun así ser la equivocada para ti. El trabajo no es hacerla bonita. Es hacerla inconfundiblemente tuya.
Por eso lo primero que pido no es un shot list. Es lo que ya tienes: la web, el packaging, la última campaña, la cuenta a la que vuelves una y otra vez. De ahí saco el registro. Cuánta luz, cuánto color, cuánta distancia, cuánta quietud. Y disparo a esa medida.
La prueba es sencilla. Las imágenes deben encajar en lo que ya has construido y elevarlo, en lugar de quedarse al lado pareciendo venidas de otro sitio. Una marca que cambia de cara en cada campaña no está construyendo nada, y ninguna imagen, por buena que sea, vale ese precio.
Primero la luz, siempre. Después la paciencia, porque la mayoría de las imágenes que me importan salieron de esperar y no de colocar.
Las series personales de esta web son donde todo eso se pone a prueba. Siluetas y Distancia hablan las dos de una multitud, abordada desde direcciones opuestas; Vida cotidiana es la que nunca se cierra. Ese trabajo no tiene cliente ni plazo, y es exactamente por eso que el trabajo por encargo aguanta.






















